RESUMEN
En este artículo se discute el papel del
docente en la evaluación del aprendizaje, identificando la importancia que
tiene la evaluación para comprender y mejorar los aprendizajes de los alumnos y
las prácticas de enseñanza y aprendizaje que se desarrollan en las
instituciones escolares. Se hace referencia a las funciones que debe asumir la
evaluación para ser un proceso permanente y participativo que enriquezca a
quienes intervienen en ella, así como los tipos de evaluaciones que deben
implementarse para que sea una experiencia formativa para los estudiantes, resaltándose
el papel del docente.
INTRODUCCIÓN
La evaluación es uno de los temas de
gran relevancia en la actividad educativa porque tiene un enorme potencial para
promover y sostener el cambio (Ravela, 2009). De acuerdo con Martínez, (2003),
comprende una amplia variedad de actividades según los sujetos, los aspectos
que evalúe y los propósitos a los que sirva, puede dirigirse a los alumnos, los
docentes, el currículum, las escuelas y el sistema educativo. Es un término que
evoca diferentes significados según los autores que la definan. “Algunos la
perciben como un juicio sobre la calidad. Otros como un modo sistemático de
examinar temas importantes. Aún hay otros que la conciben como una actividad
diaria que llevamos a cabo siempre que tomamos una decisión… Algunas veces se
ve… como un instrumento constructivo para llevar a cabo mejoras e innovaciones.
Otras veces como una actividad destructiva que amenaza la espontaneidad y
paraliza la creatividad. A veces es mucho más, pero su función esencial es la
de establecer el mérito de algo”.
A pesar de los diversos significados que
puedan atribuírsele, algo que ha de tenerse claro es que toda evaluación ya sea
dirigida a profesores, estudiantes o al sistema educativo siempre tiene como
finalidad primera valorarlo para su mejora y perfeccionamiento.
Esto nos lleva a reconocer los múltiples
beneficios que se pueden encontrar en la evaluación no solo en el plano de los
aprendizajes sino en las prácticas de enseñanza y aprendizaje que llevan a cabo
los docentes en los diferentes ambientes de aprendizajes; aula, real y virtual,
siendo fundamental para ello, que ésta se oriente a enriquecer a quienes
participan en el proceso, en específico a los alumnos como constructores de su
propio conocimiento, que sea una evaluación in situ y clara para todos los
implicados (alumnos, docentes, padres de familia y comunidad educativa en
general); lo cual nos sitúa ante un temas inagotable, en el ámbito de sus
aportaciones a las prácticas educativas contemporáneas, para hacer de éstas
verdaderos escenarios de aprendizajes.
DESARROLLO
En este ámbito la evaluación se ha
convertido en la piedra angular del sistema educativo, lo cual refrenda Santos,
(2016), cuando refiere que no se puede comprender la enseñanza sin tenerla en
cuenta, la evaluación condiciona todo el proceso y marca el camino hacia el
éxito o el fracaso en el aprendizaje que logran los estudiantes. Al respecto
Moreno, (2016) explica que “aprender de forma significativa y relevante depende
de muchos factores que se encuentran en interacción, en los entornos educativos
formales la evaluación tiene un peso privilegiado y para la mayoría de los
alumnos, constituye la principal razón de sus prácticas de estudio y
aprendizaje. Dicho de otro modo, aprenden para la evaluación”.
Al respecto vale entonces decir que,
según la forma de evaluación que aplique el docente será el aprendizaje que los
estudiantes logren, ya que de acuerdo con Santos (1998), la evaluación es ante
todo un proceso de aprendizaje del profesor, a través de ella comprende si el
aprendizaje se ha producido o no y por qué, cómo se establecen los vínculos
entre los alumnos y profesores, cómo se utilizan los resultados, para entender
y mejorar la práctica y cómo estar seguros de que los instrumentos,
procedimientos y puntuaciones de evaluación sirven para ayudar a que los
alumnos quieran aprender y se sientan capaces de aprender (Moreno, 2017).
Por lo que el valor principal de la
evaluación en el ámbito de los procesos de enseñanza y aprendizaje radica en la
comprensión que genera en los docentes, en relación a qué nuevas estrategias
debe integrar en su práctica, por lo que el sentido de la evaluación se
revitaliza en la toma de decisiones académicas, a lo que Santos (1998)
argumenta que “evaluar es comprender”, cuyos resultados condicionan la toma de
decisiones efectivas.
El propósito de la evaluación es emitir
juicios a partir de la información recabada, para apoyar la toma de decisiones
con el fin de mejorar el proceso evaluado (Stufflebeam & Shinkfield, 1987).
Por ello, es necesario que la evaluación recabe información suficiente, variada
y pertinente sobre el proceso de aprendizaje, para lo cual se requieren
diversas estrategias acordes al desarrollo de competencias, que no solamente
privilegien los conocimientos, sino que permitan, además, recuperar las
habilidades y actitudes que movilizan las y los estudiantes mientras se
enfrentan a una actividad determinada.
Todo ello condiciona un gran desafío en
las prácticas de los docentes contemporáneos en cualquier nivel educativo, pues
su comprensión cualitativa, flexible y orientada a la mejora, condiciona según
Escudero, (2010), la integración de experiencias prácticas innovadoras, las que
favorecen el marco integrador de la evaluación en el nuevo marco pedagógico, al
respecto refiere algunas de ellas:
■Fomentar la acción colegiada entre
profesores.
■Mantener un diálogo colaborativo con
los estudiantes en los ámbitos curricular, didáctico y evaluativo. (Potenciando
la participación activa y la co-responsabilidad).
■Generar buenas expectativas entre los
estudiantes. (Ser consciente de que el fracaso no motiva, pero sí el éxito, de
que motiva comprobar que se espera más de nosotros y también el saber cómo
podemos corregir nuestros errores.
■Evitar, también, transmitir la idea de
que hay alguien predestinado al fracaso).
■Establecer con claridad y publicitar
los objetivos perseguidos en el curso y los criterios de evaluación. (Ser
consciente de que motivan los objetivos relevantes y bien definidos).
■Cuidar especialmente la alineación, la
sintonía, de la metodología didáctica y la de la evaluación con las
competencias y objetivos perseguidos.
■Partir de los conocimientos previos.
■Atender la diversidad de intereses,
motivaciones, capacidades y modos de aprender.
■Diversificar las tareas y los
escenarios de aprendizaje.
■Fomentar el aprendizaje activo.
■Fomentar el aprendizaje autónomo
(Equilibrar la independencia del estudiante y la acción directiva del
profesor).
Se reconoce que la evaluación es la base
para que las educadoras tomen decisiones y realicen los cambios necesarios en
su acción docente o en las condiciones del proceso de enseñanza y aprendizaje
que contribuyan al logro de los aprendizajes de sus alumnos a partir de la
valoración de sus aciertos en la intervención educativa, la pertenencia de la
planificación y su adecuación a sus necesidades, la mejora de los ambientes de
aprendizaje en el aula, las formas de organización, las relaciones que se
establecen en el grupo, el aprovechamiento de los materiales didácticos, la
adecuación y pertinencia de la selección y orden de los contenidos abordados
con sus alumnos, entre otros.
CONCLUSIONES
Considerando todo lo que se ha venido
planteando y discutiendo en este artículo puede concluirse que el papel del
docente en la evaluación del aprendizaje es trascendental, porque de acuerdo a
como instrumente la evaluación en el aula será la naturaleza de la enseñanza
que desarrolle con sus alumnos y el aprendizaje que éstos logren construir.
De tal suerte que, para obtener grandes
beneficios en el rendimiento escolar y para que la evaluación logre
constituirse en el instrumento más poderoso para el aprendizaje como lo refiere
Moreno (2016), es necesario proveer a los profesores de las herramientas de
evaluación que necesitan para hacer mejor su trabajo, ya que la mayoría no
están preparados para afrontar los desafíos que supone la evaluación de aula
porque no han tenido la oportunidad de aprender a hacerlo. Por otro lado, que
el papel de las educadoras en la evaluación es muy importante porque a partir
de ella comprenden si sus alumnos han logrado aprender, identifican sus
procesos de aprendizaje, los factores que intervienen en éste y a través de sus
resultados están en posibilidad de realizar las modificaciones pertinentes en
su intervención docente para que todos aprendan y estén motivados para ello.
Esto no podrán conseguirlo mientras no existan las condiciones para su
profesionalización en la evaluación y se generen los espacios de diálogo,
construcción y debate en torno a las técnicas e instrumentos que emplean, que
las conduzcan a eliminar aquellas prácticas que no permiten que la evaluación
sea un proceso enriquecedor, formativo, permanente, justo, fundamentado y
participativo.
BIBLIOGRAFÍAS
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